Su TPV, en una pantalla
Rubén abre el TPV de barra: una cuadrícula con sus productos, grande y táctil. El parroquiano de siempre pide su vermut de palabra, como toda la vida: Rubén toca el producto, cobra en efectivo o con datáfono, y la venta queda registrada al momento —con su factura simplificada VeriFactu emitida automáticamente. Sin apuntar nada, sin "luego te lo hago".