Cada comanda se imprime sola, por orden de llegada, en el momento en que entra: letra clara, mesa, platos, cantidades y las notas escritas por el propio cliente ("sin gluten", "punto poco hecho"). Nadie descifra caligrafías, nadie discute el orden —la impresora es el juez de llegada. Marta cocina con el papel delante, como siempre, pero sin los defectos del papel de antes.
La cocina de Marta: la experiencia de cocina con EasyPay
Marta lleva los fogones. Esto es lo que cambia en su pase cuando la información deja de ser el enemigo: sin gritos, sin papeles ilegibles, sin cocinar de más.
Elige de quién quieres ver la experiencia
El cliente
Qué está en la mesa, del QR al ticket.
El camarero de sala
Cómo cambia su turno, pedido a pedido.
El camarero de barra
Cómo cambia su turno al otro lado de la barra.
La cocina
Cómo cambia el pase, comanda a comanda. Estás viendo esta experiencia.
El administrador
Cómo dirige el negocio sin tener que estar siempre presente.
Cocinar a ciegas y a gritos
Marta lleva los fogones. Su enemigo nunca fue el fuego: fue la información. Comandas manuscritas que había que descifrar ("¿esto es un 4 o un 9?"), tickets de papel pinchados en un clavo que se despegaban con el vapor, y la voz del camarero atravesando el pase: "¡Me cambian el punto del entrecot de la 7!" —cuando el entrecot ya estaba en la plancha.
El orden de llegada era una ilusión: los papeles se traspapelaban, el que gritaba más fuerte colaba su mesa, y las broncas con la sala eran el pan de cada día. "¿Cómo va la 12?" —cada camarero que entraba a preguntar era una interrupción, y cada interrupción, un plato que se retrasa.
Y lo peor: cocinar de más. El cliente que se arrepiente de un plato y el aviso no llega a tiempo. El género gastado en algo que ya no quería nadie. A las 23:10, con la cocina medio recogida, una comanda entrando "porque el cliente pidió justo antes"… o eso decían.
La cocina con la app
El administrador elige cómo trabaja la cocina de Marta, según lo que mejor le vaya al local: comandas impresas, pantalla con estados, o ambas a la vez. O lo que es lo mismo: papel claro y ordenado, mando a distancia del pase —o las dos cosas juntas.
El pase se convierte en un tablero de columnas: PEDIDO → EN MARCHA → LISTO → ENTREGADO. Las comandas nuevas entran solas en la primera columna, en tiempo real y por orden. Marta pulsa "Empezar todo" y la mesa completa pasa a EN MARCHA; cuando el plato sale, lo marca LISTO —y el camarero lo ve al instante en su panel, sin asomar la cabeza por la puerta. Cuando se sirve en mesa, ENTREGADO, y a otra cosa. Todo el mundo sabe en qué punto está cada plato sin preguntar.
La impresora escupe cada comanda por orden de llegada —el papel que a Marta le gusta tener delante del fuego— y además el tablero de estados sigue vivo. ¿El resultado? La puerta de la cocina deja de abrirse. El camarero, el encargado, cualquiera con acceso, ve desde fuera cómo va cada comanda —qué está pedido, qué está en marcha, qué está listo para salir— sin entrar y sin interrumpir. La cocina trabaja con su papel; la información viaja sola.
Los pedidos llegan filtrados
Si el administrador activó la confirmación de comanda, a Marta solo le llega lo que el camarero ya aprobó —cero pedidos fantasma. Y los pedidos pagados online entran solos, marcados y por orden, sin que nadie los transcriba.
Las anulaciones, a tiempo
Cuando el camarero anula un plato —porque el cliente se lo pide o porque él mismo detecta el error— desaparece de la cola al instante. Marta se entera antes de encender el fuego, no después de emplatar. El género se queda en la cámara, no en la basura.
El cliente pedía anular un plato y el aviso no llegaba a tiempo a cocina. El género se gastaba en algo que ya no quería nadie.
La anulación desaparece de la cola al instante. Marta se entera antes de encender el fuego.
Y la hora de cierre se respeta sola
Con las franjas horarias configuradas, a la hora de cierre de cocina los platos calientes dejan de poder pedirse desde los móviles. A las 23:01 no entra "una última comanda": la carta ya no la ofrece. Marta limpia la plancha sabiendo que nadie va a volver a encenderla.
Qué se puede configurar
Salida de cocina
Impresora (comandas impresas por orden de llegada), pantalla (tablero de estados) o ambas —papel dentro de la cocina y estados visibles desde fuera. Lo decide el administrador según el flujo del local.
Confirmación de comanda
Con o sin filtro del camarero antes de que el pedido llegue a cocina.
Franjas horarias por plato
Desayunos hasta las 11, cocina hasta su hora de cierre —pasado el límite, el plato no se puede pedir.
Acceso del personal de cocina
Por email, sin contraseñas que recordar.
Notas y personalizaciones
Los platos admiten notas del cliente, que llegan a cocina tal cual se escribieron.
Qué le resuelve
La caligrafía y el teléfono roto
La comanda la escribe el cliente y llega impresa o en pantalla, exacta, con sus notas.
El orden de llegada
Lo fija el sistema, no el grito —la impresora y el tablero respetan la cola real.
Las interrupciones
La sala ve el estado de cada plato en su propio panel, desde fuera de la cocina; nadie abre la puerta a preguntar "¿cómo va la 12?".
Cocinar de más
Las anulaciones desaparecen de la cola al momento —el género no se gasta en platos que ya nadie quiere.
La comanda de las 23:10
La carta cierra sola a su hora; lo que no se puede preparar, no se puede pedir.
Qué gana Marta
Concentración
Cocinar leyendo, no descifrando ni escuchando a gritos.
Un pase en paz con la sala
Cada uno mira su pantalla; las broncas de "esto no me llegó" se acaban, porque todo queda registrado.
Platos calientes en mesa
El camarero sabe al segundo cuándo está LISTO —nada se enfría esperando en el pase.
Menos mermas
Anulaciones a tiempo y comandas exactas —el producto se gasta en lo que se vende.
Cerrar a su hora
Cuando la cocina cierra, cierra de verdad. La plancha limpia se queda limpia.
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